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5 de septiembre de 2000
Al cumplirse el séptimo día de estancia en Groenlandia, nos levantamos temprano
para marchar a embarcar (Imagen 1) rumbo a Narsarsuaq, con la intención de caminar hasta un glaciar muerto (o sea, que no
da al mar) cercano al aeropuerto, llamado Kiagtut. En la ruta, de unos pocos kilómetros, se atraviesa el llamado
Valle de las Mil Flores. Desafortunadamente, una impenitente y constante lluvia (Imagen 2) no paró de caer en toda la
jornada, por lo que la excursión se vió, literalmente, pasada por agua, acabando con la impermeabilidad de
toda la ropa que llevábamos.
Una vez desembarcados, y tras una breve parada en el hotel de Narsarsuaq, caminamos hacia
el frente del glaciar durante más de dos horas, teniendo que ascender incluso al lado de una cascada con la
ayuda de cuerdas debido a lo empinado del terreno. Todo este trekking se veía dificultado por la pesada ropa de
agua que portábamos, la incesante lluvia y el peso del material fotográfico y de video. El sendero acababa en una
especie de balcón natural sobre el glaciar, por lo que la dureza del camino se vió recompensada por la
magnífica visión de la enorme lengua de hielo. Desde aquí, algunos descendimos hasta el glaciar mismo
(Imágenes 3, 4) para observar de cerca la erosión que el peso de la masa congelada realiza sobre las rocas
que la albergan, triturándolas de tal modo que las convierte en arena fina.
Otra curiosidad a destacar fue la existencia de diminutas corrientes y cascadas de agua que
corrían y nacían en la superficie y los laterales del glaciar, a modo de manantiales de los que pudimos
beber un agua purísima, que es muy estimada por su calidad en estos lugares. El aventurarse por encima de la
helada superficie (Imagen 5) de este antiguo glaciar fue una de las experiencias más reconfortantes
de este húmedo día... A la vuelta, calados hasta los huesos, y antes de cruzar el fiordo de nuevo, repusimos
fuerzas en la cafetería del hotel, dejando el suelo de la misma con bastante más agua de la que había. Barco
y 4x4 nos llevaron de vuelta a Tasiussaq al atardecer, cuya calefacción y ducha caliente se convirtieron en los dos
elementos más deseados antes de caer rendidos en una cama... seca, claro está. Fuera, continúa lloviendo.
Imagen 1.- A punto de embarcar en Qagsiarssuk para cruzar el fiordo.
Imagen 2.- La lluvia fue la tónica de la jornada: Ricardo, de Tierras Polares, a través de las ventanas del barco.
Imagen 3.- Frente del glaciar Kiagtut.
Imagen 4.- Gotzon y Ricardo se ven empequeñecidos al lado de la muralla congelada del glaciar.
Imagen 5.- Miquel caminando sobre el hielo se asemeja a un astronauta en un paisaje extraterrestre.
Autor diario: Ángel Gómez Roldán © Coyright 2000, Shelios® |