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4 de septiembre de 2000
Después de toda una noche lloviznando, la jornada amaneció cubierta y húmeda. Incluso nevó
en las cumbres de las lomas que rodean la granja. El plan de hoy es intentar llegar lo más arriba posible del
cauce del río Qingua, de origen glaciar, situado en la cabecera del fiordo de Tunugdliarfik, para ver la
posibilidad de cruzarlo y desde allí seguir en rutas posteriores un camino para llegar a los alrededores del
gran glaciar Eqalorutsit, ya que desde el mar, debido a la gran cantidad de icebergs que desprende, es imposible
hacerlo.
Después de un tortuoso recorrido en el 4x4 a cinco kilómetros por hora, y cargados con las
cámaras y el resto de nuestra impedimenta, llegamos bastante tarde a la desembocadura del río. Se trata de un
antiguo lecho glaciar, muy erosionado con la característica forma en "U", en el que nos llamaron la atención
el color blanquecino del agua debido a los sedimentos arrastrados, y la gran cantidad de fósiles desperdigados
en las cuarteadas rocas de las orillas. Tras reponer fuerzas rápidamente (Imagen 1), emprendimos camino
río arriba. En la ruta, flanqueados a nuestra derecha por las montañas de la Tierra de Johan Dahl (Imagen 2),
pudimos apreciar los primeros arbustos y pequeños árboles que vemos en estas erosionadas regiones.
Al pie de las estribaciones montañosas por las que ascendía el río, y sopesando la distancia
restante a recorrer y el cansancio, se decidió que sólo Ricardo y el guía, David, continuasen la ascensión para
ver las posibilidades de un ataque (en jerga montañera) en próximas jornadas. Efectivamente, a su regreso
un par de horas más tarde, confirmaron la visión del glaciar. De regreso al coche caminando por las redondeadas
rocas del lecho fluvial (Imagen 3), decidimos realizar la travesía hacia el gran glaciar mañana o pasado,
en función del tiempo meteorológico y de nuestro estado físico, algo tocado en pies y piernas, y motivo de trabajo
para Adela, nuestra sanitaria... Hasta las diez de la noche no llegamos a Tasiussaq, en donde nos esperaba una
reparadora cena de caribú a la brasa preparado por Jorgine, la dueña de la casa. Las distancias en este inmenso país son muy relativas,
pues mientras que navegando por el fiordo sin hielo se hacen 50 kilómetros en poco más de una hora, para
recorrer los apenas 20 kilómetros de hoy en coche, hemos empleado bastante más de dos horas, con varias paradas en
las que era necesario que los diez (!) pasajeros que ibamos "enlatados" nos bajásemos para permitir que el Toyota
cruzase precarios puentes de carcomidas vigas de madera... Y el clima sigue siendo bastante miserable. Hoy al menos
no nos ha llovido, y las temperaturas se han mantenido en unos confortables 6 o 7 grados. Claro está, con el
cielo encapotado, preferimos no saber la actividad auroral.
Imagen 1.- Descanso para comer en el pequeño puente de la desembocadura del río Qingua.
Imagen 2.- Montañas de la Tierra de Johan Dahl. Sus alturas máximas superan los 1.400 metros.
Imagen 3.- El lecho rocoso del río, mirando hacia el fiordo. Es un antiguo cauce glaciar.
Autor diario: Ángel Gómez Roldán © Coyright 2000, Shelios® |