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31 de agosto de 2000
Debido a la elevada latitud a la que nos encontramos, a las 6 de la mañana ya amaneció
sobre nuestro "campamento base". El día se prometía fantástico; despejado, limpio, y con una agradable temperatura.
Dedicamos la jornada de hoy a la exploración y filmación de los alrededores de la zona (Imagen 1). Fernando, el cámara de TVE,
tras solucionar un problema técnico con su equipo, pudo comenzar a trabajar tomando imágenes (Imagen 2) de los icebergs que
llegan a nuestra bahía procedentes del glaciar cercano, Eqalorutsit Kangigdlit, el mayor de todo el sur de
Groenlandia.
Por su parte, Javier pescó varios bacalaos y truchas, que se convirtieron en la cena de hoy,
mientras que Ricardo, junto con nuestros compañeros y guías de Tierras Polares, marcharon al pueblecito
cercano a reparar la hélice de la zodiac, que se encontraba en bastante mal estado, y traerla a nuestra bahía
(Imagen 3) para comenzar a realizar exploraciones del glaciar a partir de mañana.
A la tarde, el tiempo cambió espectacularmente y en poco más de una hora el cielo
despejado se encapotó y nuestras esperanzas de ver más auroras esta noche se desvanecieron. Ya estábamos
avisados de los rápidos cambios meteorológicos en estas latitudes, pero nos pilló un poco por sorpresa.
Eso sí, con el cielo cubierto, los icebergs tomaban unas tonalidades (Imagen 4) que antes con la luz del Sol
nos pasaban desapercibidas. A la puesta del Sol, las temperaturas descendieron hasta los 7 grados y la humedad
llegó casi al 100%. Nos acostamos pronto esperando que el imprevisible clima groenlandés sea benevolente
con nosotros.
Imagen 1.- Vista de la entrada de la Bahía de Tasiussaq, con los icebergs del inlandis al fondo.
Imagen 2.- Fernando, el cámara de TVE, y que trabaja con el programa de Al filo de lo Imposible, grabando los icebergs.
Imagen 3.- Greenland, la Tierra Verde, como la bautizaron los colonizadores vikingos: la vegetación estival es la que da el nombre a este hermoso lugar.
Imagen 4.- Detalle de uno de los numerosos icebergs que flotan en el fiordo. Las diferencias de color se deben fundamentalmente a la distinta cantidad de aire que alberga el hielo en su interior, a la compresión y antigüedad de éste, y a los pedazos de roca arrastrados por el glaciar.
Autor diario: Ángel Gómez Roldán © Coyright 2000, Shelios® |