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30 de agosto de 2000
Hoy ha sido un día para recordar: hemos llegado
sin novedad a nuestro destino con un tiempo excelente (cielos casi despejados,
viento en calma y 18 grados de temperatura), y por la noche, desde las
nueve hasta pasadas las doce, hemos sido testigos boquiabiertos de un
impresionante despliegue auroral que fotografiamos y grabamos en video
a placer...
El vuelo de la compañía Greenlandair
despegó sin novedad de Copenhague con destino Narsarsuaq, y tras
poco más de cuatro horas, aterrizamos en un paraje yermo, de
montañas antiquísimas, estrechos fiordos y glaciares inmensos.
El helado sabor del aire y su cristalina pureza nos llenaron los pulmones
cuando bajamos del avión (Imagen 1) y nos encaminamos a un pequeño
muelle cercano donde, guiados por Ramón Larramendi, nuestro contacto
local de Tierras Polares, embarcamos nuestros equipajes,
ordenadores, telescopios y cámaras en una zodiac (Imagen 2) para trasportarnos al otro
extremo del fiordo de Tunugdliarfik, y de allí, a una aislada
granja en la bahía de Tasiussaq a seis kilómetros por una tortuosa carretera de tierra
y barro.
Aparte de la salvaje belleza de las erosionadas montañas
cubiertas de vegetación ártica, lo que más nos
llamó la atención fueron los icebergs flotando en el fiordo ((Imagen 3),
bloques de hielo con múltiples tonalidades de blanco y azul,
algunos de hasta más de 20 metros de longitud.
La noche fue la recompensa al duro viaje y los largos
meses de preparación, pues el espectáculo de las auroras boreales, que empezaron a mostrar
su cambiante y dinámica estructura desde poco después del anochecer, fue realmente impresionante.
Anillos, arcos, filamentos, y, sobre todo, cortinas, fueron las estructuras que, cubriendo en
ocasiones casi todo el cielo, iluminaron el duro y frio paisaje groenlandés. Mayormente de calor
verdoso, debido a los átomos de oxígeno, y algunas hasta rojizas en su base (por las moléculas
de nitrógeno), tuvieron su momento de mayor actividad de 22:30 a 00:30 horas. Miguel, nuestro
astrofotógrafo, tomó casi 200 imágenes, mientras que Gotzon, con la cámara de vídeo digital,
grabó el movimiento de las auroras (Imagen 4) en el firmamento de este remoto lugar de la Tierra.
Esperemos que mañana el espectáculo se repita...
Autor diario: Ángel Gómez Roldán © Coyright 2000, Shelios® |