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Durante los meses de verano de 2000 el Sol entrará
en su 23º período de máxima actividad desde mediados
del siglo XVIII, que es cuando se empezó a registrar ésta.
La actividad solar se define a partir del número de manchas solares
detectadas sobre la superficie del Sol. Al acercarnos al máximo
el número de manchas va creciendo como puede observarse en el
gráfico que mostramos a continuación (pulsa sobre él
para verlo más grande).
A partir de una estadística de los últimos 200 años se conoce que los máximos solares siguen una periodicidad de aproximadamente 11 años, como puede verse en la siguiente figura.
Una de las consecuencias de los máximos solares es que el Sol incrementa la emisión de partículas elementales muy energéticas (el viento solar) en lo que se conoce como tormentas solares. Las principales repercusiones de los máximos solares en la Tierra son las siguientes:
Es conocido que en el último máximo solar, ocurrido en el año 1989, y durante intensas tormentas solares, varias ciudades del norte de los Estados Unidos tuvieron graves problemas en el suministro eléctrico. También varios satélites sufrieron anomalías temporales en el transcurso de las citadas tormentas.
La relación entre la actividad solar y el clima terrestre es un tema a debate en los últimos años. Hay indicios que hacen pensar que durante los mínimos de actividad solar la Tierra sufre un enfriamiento. Entre los años 1645 y 1715 se cree que existió un mínimo solar prolongado (el llamado mínimo de Maunder) que provocó una pequeña edad de hielo en el planeta, con efectos constatados en el Norte de Europa.
Las auroras están formadas por inmensas cortinas luminosas, rápidamente cambiantes y de varias tonalidades. La aurora adopta una gran variedad de formas, entre ellas las siguientes: el arco auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano magnético; la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho más irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes perpendiculares al arco o a la banda; la corona, un círculo luminoso cercano al cénit; las nubes aurorales, masas nebulosas difusas que pueden aparecer en cualquier parte del cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso situado a gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen hacia el cénit; y cortinas, abanicos, llamas o luces ondulantes de distintas form as. La emisión de luz se produce en la baja atmósfera (entre 100 y 400 km.) y se debe a los choques del viento solar (esencialmente electrones) con átomos de oxígeno (tonos verdosos) o moléculas de nitrógeno (tonos rojizos).
Como hemos visto, el ciclo de actividad solar es de
aproximadamente 11 años y, por tanto, durante el año 2000,
momento en que nuestro astro rey volverá a tener máxima
actividad, las auroras volverán a mostrar una inusual fuerza
y belleza en las tierras polares. Por ello, Shelios estará allí.
Durante la expedición tendremos información
diaria de la actividad solar. La observación
de las auroras nos permitirá comprobar las posibles correlaciones
con tormentas solares sucedidas horas antes.
Última actualización:
27 de agosto de 2000. © Coyright 2000, Shelios®
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